Contragolpe

El gol es un orgasmo del alma

Un gol es un poema, porque es tan inesperado como imposible, al igual que un buen poema imposible de explicarse”, dice el autor de Algarabía inorgánica y Hacia dónde es aquí, Antonio Deltoro. Sin embargo, para muchos: El gol es una expresión incontrolable; Es un orgasmo del alma. Una sensación indescriptible que provoca comportamientos inusitados. Un gol no se compara con nada. Todo lo anterior lo viví el sábado pasado en el Estadio Victoria de Aguascalientes cuando corría el minuto 56 de juego. Jessy Palacios envía un centro a media altura que prende con la cabeza Pepe Cruz para anotar el tanto que levantó a miles y miles de aficionados universitarios por todos los rincones del estado. Me encontraba en un palco con los jugadores suplentes de Leones Negros. El gol salió de lo más profundo de nuestro ser. Descargamos toda la adrenalina acumulada de tantos y tantos años de ayuno. Era el gol del campeonato tan anhelado, puesto que teníamos un ayuno de 22 años. Desde enero del 1991, Leones Negros no jugaba una final. En aquella ocasión fue de copa contra el América y se ganó con tanto del Tiburón Víctor Rodríguez, también de cabeza. Contrariamente a lo que pudiera pensarse, canté el gol de una manera discreta y enseguida guardé silencio. A mi mente vinieron una serie de pensamientos, recuerdos y momentos vividos con tantos y tantos amigos de aventura futbolera. Mientras, los muchachos gritaban desaforados el grito de batalla ¡UdeG! ¡UdeG! ¡UdeG! Alguien tenía que guardar la ecuanimidad y no era precisamente yo, sino fue Pedro Solís quien dijo: “momento, falta mucho, todavía no somos campeones”. Le hicieron caso, pero de nueva cuenta los apresó la tensión. Queríamos que el reloj avanzara como en la Fórmula Uno. Los gritos desesperados no se hicieron esperar porque el silbante de manera injustificada cedió cinco minutos de compensación. Fue una eternidad. Todos se fueron al túnel de acceso a la cancha. Traté de acompañarlos, pero no pude. Mi cuerpo cansado prefirió caminar lento y pausado, envolverme en mis pensamientos. Cuando por fin el árbitro decretó el final, aquello fue una locura. No sé cómo le hizo Fidel Vázquez para abrazarme y cargarme mientras que Jairo González me decía unas palabras que me conmovieron hasta las lágrimas. Emociones indescriptibles. Bien lo dice Vince Lombardi: “Ganar no es lo más importante, es lo único”. Hay dos placeres que más he disfrutado: El nacimiento de mis hijos y los títulos de los Leones Negros.