Contragolpe

De la gloria al infierno

En la semana a través de la redes sociales me llamó la atención la reflexión de una joven boxeadora sobre los comentarios de un experimentado manejador quien le aconsejaba sobre las tribulaciones del peleador en la cúspide de la fama y su decadencia. Decía la novel peleadora: “un señor me comentó que todos los boxeadores en algún momento de nuestra carrera (me incluyó) nos quedaríamos sin nada, por más campeones o más dinero que tengas, todos terminan abajo o muy abajo o igual que el comienzo: sin nada. Respondí: creo, depende de la persona y los valores que tenga cómo ser humano”. No tardó en decirme que todos los boxeadores decimos lo mismo: “a mí nunca se me va a subir” también mencionó que esto no es para toda la vida y que no deja tantas satisfacciones, es más lo que uno da, que lo que recibe. (Espero qué se refiera a los golpes XD). Creo, él jamás tuvo un sueño en su vida, tal vez se desilusionó, no lo sé. Nunca quiero hablar como él en toda mi vida”. Metí mi cuchara y comenté: “Como consejo: jamás denostes las palabras de un viejo, seguro las ofrece como advertencia para que no tengas eventualidades en el futuro. Por experiencia, te comento son pocos pero muy pocos los deportistas, no solo los boxeadores, que viven en oropel mientras tienen fama y dinero. Llega el retiro, pierden absolutamente todo. Familiares, amigos, dinero, fama y la mayoría muere en la miseria. Conocí un campeón que lo tuvo todo. ¿Sabes cómo murió? Abandonado en un baldío de céntrica calle de Guadalajara. Se fue directo a la fosa común porque nadie reclamó su cuerpo. Historias como esas son muchas que no te gane la soberbia. Escucha a los mayores, toma lo bueno y desecha lo malo”. Cada vez que escucho o leo algún deportista de éxito pleno de soberbia me vienen al recuerdo a tantos y tantos que entrevisté en plenitud de facultades. Sus palabras son prácticamente las mismas: “jamás se me va a subir” “siempre estaré con los míos” “Nunca me voy olvidar de mi familia”, bla, bla bla. Tan pronto llega la fama y se olvidan de todo porque sus relaciones humanas no son las mismas. Si antes había afectos por los amigos del barrio ahora son para los hijos de los políticos, empresarios y hasta presidentes. El dinero y la fama es tan efímera porque como viene, se va. Se pierde todo, se quedan solos como el campeón que se fue a la fosa común.