Contragolpe

El futbol y extranjeros a debate

Al margen de los contenidos, el mini debate que protagonizaron los seleccionados de la Sub 23 y Daniel Ludueña existe una lectura que no se contempló y que al final de cuentas fue lo sustancial del intercambio de declaraciones. Es decir, hubo un intento de debate sobre un tema preocupante que poco a poco tendrá repercusiones en el futbol mexicano: el deficiente trabajo en las fuerzas básicas, según el jugador y la proliferación de jugadores extranjeros y naturalizados. Como referencia me remito a los siguientes números que son contundentes en la primera jornada: jugaron 248 jugadores, 120 fueron extranjeros y 128 mexicanos, prácticamente el 50%. Hecho que, sin lugar a dudas, violenta un decreto presidencial promulgado en los años 40, el cual obligaba a todos los equipos profesionales a jugar con siete jugadores nacidos en México. Ahora bien, repito el contenido de la discusión. Me parece poco relevante, habida cuenta que Ludueña se acobardó al responsabilizar a los medios, lo que me parece rescatable es que se abrió una ventana para el debate y la discusión responsable en el ámbito futbolístico. Lo que me llamó la atención fue la amplia cobertura, tanto en redes sociales como medios convencionales. Hasta cierto punto normal, pero, ¿cuándo pondremos en la mesa de la discusión la presencia de tantos extranjeros en los medios de comunicación nacionales?, sobre todo ex jugadores. ¿Cuándo le entramos? Es un tema que también tiene sus repercusiones porque han venido a desplazar, en la mayoría de los casos injustificadamente, a destacados periodistas nacionales. ¿Acaso no tenemos capacidad para expresar una opinión o de hacer un profundo análisis futbolístico? Y no me vengan con la jalada de que no podemos porque no pisamos una cancha profesionalmente como tanto insisten los imbéciles del micrófono. Pregunto: ¿cuántos periodistas o comunicadores trabajan en medios argentinos? Por citar un ejemplo. ¿Habrá alguno? Si no hay futbolistas, no los dejan, menos periodistas. ¿Entonces por qué lo permitimos? Porque somos agachones, porque todavía nos apantalla el melolengo que habla distinto a nosotros, aunque sea el mismo idioma; porque todavía se impone el complejo de Malinche y porque algunos de esos vividores pagan porque los alquilen. Lo importante es la vitrina, ya que de ahí se desprenden ganancias para sus negocios particulares. Lo podemos discutir dónde, cómo y con quién sea.

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