Contragolpe

Futbol y conciencia de clase

A propósito del encabezado tengo que remitirme a Sampaio de Souza Vieira de Oliveira, conocido como Sócrates. Quien a los 10 años, vio como su padre quemaba libros sobre socialismo y comunismo. Trataba de proteger a su familia del Golpe de Estado que sacudió a Brasil en 1964. Aquella imagen le quedó grabada y quiso conocer cómo era aquel mundo lleno de problemas. Su primer paso fue ser feliz como la mayoría de los niños nacidos en Brasil: jugando a la pelota. Era distinto. Virtuoso y elegante, pero sobre todo inteligente. Debutó en Botafogo, y fue el goleador del Campeonato Paulista de 1976.

Por ese entonces, ya se distinguía afuera de la cancha: estudiaba Medicina. En su paso por el gigante de San Pablo, Corinthians, obtuvo tres títulos. Fue allí también donde consiguió un lugar en la Selección. Pero más importante que las copas ganadas fue la famosa Democracia Corinthiana que se inició en el club. Liderados por Sócrates, Casagrande y Zenón, el plantel comenzó a incidir de forma profunda en la realidad del club. Todo se decidía mediante el voto: las contrataciones, reglas de concentración y hasta la elección del entrenador. Jugadores, dirigentes, cuerpo técnico y utileros tenían la misma importancia. Sócrates amaba saber cada día más. Le gustaba intercambiar ideas y beber en los bares.

Fue capitán de la Selección Brasileña que jugó un futbol elegante y artístico. La idea era inspirar alegría, quedar en la historia.

Pero aquella Selección, Italia 82, no sabía hacer otra cosa que jugar para llegar al arco rival. Para muchos, allí se terminó el estilo alegre que siempre identificó a Brasil. Por aquel entones la Dictadura comprendía que no podría perpetuarse en el poder, y negociaba una salida lenta y gradual. Los jugadores de Corinthians se movilizaron para exigir elecciones inmediatas. Fueron protagonistas importantes en el movimiento Directas YA, apareciendo en marchas, debates y con frases en sus camisetas como "quiero votar para Presidente". Sócrates se ganó el respeto de todos los futboleros brasileños, tal y como había pensado. Es que, siempre supo que el futbol era parte importante de la cultura de su país, y por ende, una herramienta para llamar la atención del pueblo. Su lema era: "Ganar o perder, pero siempre con democracia". Cuando emigró a Italia para jugar en Fiorentina, se sintió sólo e incómodo en una sociedad elitista y conservadora. En su llegada, se mostró ansioso de "leer a Antonio Gramsci en su idioma original", pero en tierras europeas extrañaba sus raíces. "La gente no tiene el poder de decir las cosas, entonces yo las digo por ellos", sostenía.

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