Contragolpe

Noqueador con quijada de cristal

En el boxeo hay una premisa que prácticamente se cumple cuando participa un noqueador. “Pega pero tiene quijada de cristal”, obviamente existen las excepciones. Ello me recuerda a José Pipino Cuevas, estupendo noqueador, que debutó como profesional en 1971, a los 13 años de edad, y fue noqueado en dos rounds por Alfredo Castro en la capital del país. Pocos se habrían imaginado la historia que ese niño iba a escribir en el boxeo. Con 13 años, Cuevas tuvo que aprender sobre el ring y perdió 5 de sus primeras 12 peleas, aunque su pegada paralizante empezaba a destacar. Para septiembre de 1975, Cuevas ya era campeón nacional de la división welter, en esa época en que los campeonatos nacionales valían. Menos de un año después de coronarse campeón nacional, el Pipino recibió la oportunidad en 1976 de disputar el campeonato mundial welter de la AMB frente al puertorriqueño Ángel Espada en Mexicali. El Pipino lo castigó con un violento arsenal de ganchos izquierdos que mandó tres veces a la lona al entonces campeón que terminó la pelea colgado de las sogas en el segundo round. Con la pura izquierda, el joven noqueador mexicano de 18 años arrebató el título al campeón de 28. A ese triunfo siguieron once defensas exitosas del campeonato mundial welter, incluyendo 10 nocauts. El Pipino con una destructiva mano izquierda como ariete construyó en esos años una reputación como uno de los grandes campeones mexicanos de la historia. Con el comienzo de la década de los 80s venía también una nueva generación de boxeadores y una época dorada para el pugilismo mundial en esas divisiones. El 2 de agosto de 1980, el Pipino buscaba su defensa número 12 ante otro joven prodigio del boxeo, Tommy Hearns, de 21 años, que venía invicto en 28 combates con 26 nocauts. Espigado, y de brazos largos, Hearns fue un acertijo que Cuevas nunca pudo descifrar. Cada que intentaba entrar con su gancho izquierdo arriba, Hearns contestaba. El mexicano sintió la pegada de la derecha paralizante desde la primera vez que intentó entrar. En el segundo round, se definió todo. Una derecha kilométrica de Hearns a la barbilla del Pipino lo dejó noqueado de pie, contorsionándose, hasta obligar a la esquina del mexicano a terminar el combate. Pipino, gran noqueador pero de frágil quijada. Lo anterior viene a cuento porque hoy en Culiacán el tapatío Guillermo Sandoval enfrenta Omar Chávez, hijo de la leyenda. Lo único que puedo decir de éste, es que se trata de un ponchador pero de quijada de cristal.


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