Contragolpe

Guerra sucia en la política y el futbol

Desde aquí mi solidaridad y apoyo, no solo para el amigo Jaime Barrera, sino para el intachable periodista de quien guardo un profundo respeto por su integridad profesional ante la ola de calumnias y ataques de que ha sido objeto por parte de Enrique Alfaro y sus esbirros. El pecado de Jaime fue denunciar al intolerante y autoritario político sin escrúpulos que quiere “gobernar” nuestra Guadalajara. La respuesta del “ciudadano libre” fue la cobarde agresión contra la familia. Para terminar me adhiero a la interrogante de Jaime: “la pregunta es, si este episodio inédito y paradigmático de bajeza quedará impune. ¿Qué dicen en el INE, IEPCJ, FEPADE, PGR, la Fiscalía?”. 

Barras sucias.- Hace apenas en marzo del año pasado hacía una reflexión sobre la existencia de las Barras en el futbol mexicano. Desde entonces y a través de los años he insistido sobre su falta de razón de ser. No tienen nada qué ver con la idiosincrasia del mexicano, son vulgares imitaciones del futbol y la sociedad argentina.  Ni son grupos de apoyo ni son de animación. Para los trabajos del Coloquio, Comunicación, Deporte y Sociedad en la Fil 2002 nos visitaron dos compañeros periodistas argentinos, Ariel Scher y Tulio Guterman. Ambos investigadores del fenómeno barras   nos advirtieron sobre su proceso evolutivo. Merced a los acontecimientos de la semana pasada, recordé parte de lo que nos expresaron. Primero se formaron como grupos de animación, enseguida como grupos de presión y extorsión y al final, en delincuentes con patente financiados por los equipos y las municipalidades. Lo que observamos el domingo pasado fue un acto de intolerancia ante la superioridad deportiva de las Chivas. Dirían con impune cinismo a través de Twitter, los de la Barra 51 “si no invadimos la cancha, nos meten ocho”. Para las autoridades competentes una pregunta, ¿lo anterior no es suficiente para investigar de oficio quienes son los responsables intelectuales de tales actos? En Argentina las Barras son auténticos delincuentes que no solamente extorsionan sino que también roban y asesinan, y que además, son usados por políticos sinvergüenzas que los incluyen en la nómina de los gobiernos. Para nadie fue un secreto que formó parte de la campaña de Mauricio Macri, presidente del Boca Junior, y lo hicieron jefe de gobierno ciudad de Buenos Aires en 2007. En aquella FIL, Scher y Guterman nos adelantaron lo que iba a suceder si permitíamos la proliferación de las Barras. “Cuiden su futbol, no permitan que lo manchen las barras de la violencia”, advirtieron. Tienen que desaparecer. No hay de otra.