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Una semifinal más bien pobre arma una final que se antoja

Sao Paulo.- No era el partido para consagrar todavía más ni a Messi ni a Robben. Ni para ser ganado por un solo hombre, pero ni argentinos ni holandeses lo entendieron así. En esa apuesta terminaron por aburrir a todos, pues dejaron muy solos todo el tiempo a sus estrellas, y entregaron una semifinal poco digna para un Mundial que más bien ha sumado buenos recuerdos.

La definición del rival de Alemania en la final del próximo domingo en el Maracaná de Río de Janeiro, llegó por la vía de los penales. Resultó Argentina, gracias a que su portero Sergio Romero paró dos disparos y a que sus compañeros, empezando por Lionel Messi, metieron las que les tocaron.

Explotó en los argentinos la emoción contenida durante tantos años. Desde aquel 1990 en Italia en el que perdieron precisamente ante los alemanes tras una cuestionada marcación de un penal del árbitro Edgardo Codesal.

Las cosas lucen ahora diferentes. Los argentinos se han definido como un equipo duro de vencer, con poco brillo ofensivo pese a tener al que muchos consideran el mejor futbolista del planeta. Pero Messi está resultando menos definitivo de lo que lo fue Diego Armando Maradona cuando fueron campeones en el 86, en el Azteca, contra los alemanes también.

Y hablando de los dirigidos por Joachim Loew, simulan una aplanadora que destroza reputaciones históricas y embelesa por su excelso toque y dominio de la media cancha.

En fin, de la forma como haya sido, veremos dos estilos muy diferentes pero con buenos argumentos para protagonizar una muy buena final.