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Fue un regalo lo que evitó la tanda de penales

Haber conseguido el pase a las semifinales de la Copa Oro gracias a la definición de un penal inexistente, en el último minuto de los tiempos extras, no es algo que debería de haber provocado tanta alegría entre los seleccionados.

Es cierto que hicieron mayores méritos para ganar en los 120 minutos que duró el partido contra Costa Rica en el Metlife Stadium, pero las cinco o seis oportunidades claras de gol que tuvieron no pudieron concretarse por una endémica falta de fuerza ofensiva, por falta de técnica y decisión al momento de meterla. Eso es también parte del juego y el equipo mexicano está más que claro, no lo tiene.

Quitando la goleada en esta misma Copa Oro contra los débiles cubanos de aquella primera jornada en Chicago, ¿hace cuánto que la selección que dirige Miguel Herrera no gana un partido con suficiencia y autoridad?

El equipo sigue siendo muy predecible. Es lento también en la elaboración del juego ofensivo. No tiene manera de hacer daño en las jugadas a balón parado, ni en los tiros de esquina, ni en los cobros de falta cercanos al área. Cuando los carrileros llegan a desbordar y se posicionan para centrar, casi siempre sacan servicios cortos o desviados de su objetivo.

Tendrá que mejorar muchos aspectos este equipo para, primero, derrotar a los panameños que se metieron tras eliminar a los trinitarios, que habían sido la sensación del torneo. Si al final se llega a la Final en Filadelfia, el próximo domingo contra los Estados Unidos, pues todavía más tendrán que mejorar para pretender ganar a un rival que casi siempre encuentra la manera de derrotar a los nuestros.

Este equipo necesita trabajo más que festejos. Ojalá así lo entiendan jugadores y cuerpo técnico.