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La final de la identidad nacional

Fue una Final que resumió el carácter y casi identidad nacional: “No voy a hacer nada, no me voy a esforzar, si en ello no me va la supervivencia”.

Entonces sí, cuando el agua aprieta al cuello, aparece el talento y la fuerza, se da lugar a la gesta emotiva y épica. Llega el triunfo memorable o la derrota digna.

Los Pumas no fueron los Pumas hasta que no se vieron casi enterrados, entonces sí atacaron, fueron valientes y efectivos... Hasta que igualaron la serie. No tuvieron la fuerza para irse arriba y decretar la remontada... Y los Tigres no fueron los Tigres sino hasta que se vieron alcanzados en el marcador y estuvieron a punto de quedarse sin nada... Entonces sí, ya en los tiempos extras, atacaron nuevamente y no pararon hasta marcar superioridad.

Pero era el momento del regreso fabuloso de Pumas. A falta casi de nada, en el último aliento, sí, llegó el empate global a cuatro goles. Y con ello los penaltis. Más justos que nunca.

Así se vive en México, aunque moleste aceptarlo y existan algunos que se salgan de esta forma de ser pues siempre habrá excepciones a la regla.

El Tuca Ferretti y Memo Vázquez podrán argumentar que no fue voluntad de los suyos echarse para atrás, que fue el rival el que los obligó a dejar de ser lo que son y lo que fueron. Pero hay una lectura obvia y objetiva que retrata de forma casi incuestionable que cuando tuvieron precauciones y miedo, el juego les pasó factura. Y viceversa.