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Premio a la corrección

Se había equivocado Carlos Reinoso al ordenar de arranque una línea defensiva más puesta y preparada para la lucha y el robo de balones que para la creatividad y el ataque.

Pero el veterano entrenador chileno tuvo los arrestos para corregirse antes de que terminara el primer tiempo. Al minuto 34, ordenó el ingreso de Gabriel Peñalba y Édgar Gerardo Lugo. Dos cambios ofensivos que terminaron por redituarle a su equipo en un título que no ganaba desde hace 68 años, dos antes de su última Liga.

Este fue el movimiento clave de la final de la Copa Mx jugada ayer por la noche en el Pirata Fuente.

El Necaxa, que había sorprendido gratamente borrando de la cancha en la semifinal al favorito Cruz Azul, nunca apareció. Ni siquiera cuando logró reaccionar y empatar el juego a uno se generó la sensación de que podía ganar esta final.

Los errores defensivos en las jugadas a balón parado resultaron letales. Todo balón que llegó a su área por alto fue rematado por los jugadores de los Tiburones Rojos. Tres de los cuatro goles locales llegaron de esta forma.

Los dirigidos por Reinoso terminaron siendo muy superiores pudiendo meter más de los cuatro goles que lograron. Pero la estampa a recordar es la que se plasmó en la tribuna en el rostro de cada uno de los aficionados del Veracruz. Desde 1948 no celebraban nada. Anoche cantaron, saltaron, sintieron lo que todo buen aficionado al futbol debe sentir alguna vez en la vida.