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Decir que quedaron contentos es asumirse mediocres

Le pudo haber aportado más a Miguel Herrera un interescuadras, es decir, un partido a puerta cerrada entre titulares y suplentes, que lo que representó la selección de Bolivia como rival anoche en el pequeño, pero entusiasta estadio de los Colorado Rapids.

Los mexicanos no tuvieron prácticamente oponente. Nada que ver con lo que sí fueron los chilenos la noche del pasado sábado en el Levi´s Stadium de Santa Clara, California.

Pero nuevamente, algo pasa con este equipo, que no pudieron manifestar la superioridad que se ganan o les regalan en la cancha, en el marcador. No hay presencia efectiva en el área enemiga. No hay potencia, no se conoce la contundencia en este equipo.

Y aunque duela se debe aceptar: si un Javier Orozco o un Érick Cubo Torres no pueden lucir ante un equipo como Bolivia, pues qué se puede esperar de ellos ante rivales más complicados. Pudiera añadirse también, sin problema alguno, a un Marco Fabián y hasta a un Javier Aquino.

Hay un momento en que conviene ponerse serios y analizar con espíritu crítico e informado el desempeño de los seleccionados.

Si alguien se declara contento por lo que se vio anoche, empezando por el entrenador que trae ese discurso feliz, lo único que está demostrando es una tremenda mediocridad.

Anoche faltó creatividad, inteligencia, pausa… Disparo de media distancia, atrevimiento… No todo es intensidad y correr y correr y correr.