A balón parado

El vía crucis de Marco Fabián

Maldito el día, seguro pensará Marco Fabián, en el que decidió involucrarse sentimentalmente con una actriz reconocida. Ese día empezó a vivir un acoso inclemente por parte de ciertos medios informativos sensacionalistas ligados a la industria del espectáculo.

A partir de esa decisión, que incluyó casi con toda seguridad la consciencia de saberse una figura muy pública y la vanidad de que se conociera que salía con una actriz guapa y relativamente famosa, empezaron a salir a la luz pública su proclividad a la fiesta y a la bebida.

Estoy seguro que hoy, un poco más maduro e iniciando una nueva aventura futbolística en un equipo importante como el Cruz Azul, debe estar un tanto arrepentido de todo ello.

Porque el acoso continúa y porque su fama de chavo reventado y fiestero lo sigue marcando e incomodando, haciendo que su convivencia con los reporteros que cubren las actividades de su equipo se vuelva casi insoportable.

Alguien tiene que orientar muy bien a Marco Fabián, hasta hace poco más de un año uno de los futbolistas mexicanos con mayor talento y proyección. Un mediocampista ofensivo plagado de recursos, clave en aquella selección nacional que consiguió la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Alguien tiene que conseguir que esta presión a la que está siendo sometido se transforme en una motivación enorme para demostrar que tiene derecho a hacer con su vida lo que se le pegue la gana y que salir a cenar o beber algo, no es algo que atente de forma automática contra la posibilidad de desarrollar una carrera brillante en los campos de juego.

Si este muchacho lo consigue tiene talento y condiciones como para ser considerado nuevamente a una selección, y en una de esas le alcanza para jugar el Mundial de Brasil.

Pero si no puede superar este momento, seguramente estará acabado como futbolista profesional. Y eso sería una verdadera lástima.  

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