A balón parado

Otra vez, el nombre por encima y adelante de todo

Se enfrenta la Federación Mexicana de Futbol, cuando últimamente precisa definir asuntos ligados a la selección nacional mayor, a su mala consciencia.

O en todo caso a sentimentalismos que deberían estar ajenos a cualquier toma de decisiones.

¿Qué sentido tiene comprometer a Miguel Herrera y a Ricardo Peláez para el proceso mundialista de Rusia 2018 cuando ni siquiera se ha podido medir el desempeño de esta dupla en el Mundial de Brasil 2014?

¿Por qué no esperar a ver los resultados?

¿De verdad creen que ambos personajes, exitosos en el América campeón, iban a rechazar la posibilidad de dirigir al Tri en el próximo Mundial si no les aseguraban estar en el siguiente.

Pareciera que Justino Compeán y en todo caso los dueños de los equipos que respaldan su gestión, se sienten mal por haber despedido a Víctor Manuel Vucetich tras la derrota en Costa Rica que estuvo a punto de dejar a la selección fuera de la Copa del Mundo. Y antes se sintieron fatal por tener que darle las gracias a José Manuel de la Torre.

En fin. Si algo ha quedado claro todos estos años en el representativo nacional, como si no fuera este un valor establecido en el futbol desde siempre, es que son los resultados los que dictan la continuidad de los proyectos.

Ninguna otra cosa. Ni los compromisos morales ni los contratos financieros.

Pero bueno, si se sienten mejor todos estableciendo el compromiso de la continuidad de aquí a cinco años, pues que le sigan por ahí, que daño no le harán, en el no deseado caso de que no les salgan las cosas como las imaginan, más que a sus balances económicos.

Lo que seguimos sin conocer, simple y sencillamente porque no existe, es un plan de trabajo preciso y dirigido para que la selección nacional garantice un crecimiento y obtenga los resultados que no ha logrado. Y esto no tiene nada que ver con una lista o un calendario de partidos anual.  

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