A balón parado

El vergonzoso debate sobre los naturalizados

A diferencia de muchos, a mí no me parece nada escandaloso que 139 o 140 jugadores de la Primera División del futbol mexicano no hayan nacido en el país.

Si cada uno de los 18 equipos que integran la Liga MX registrara 25 jugadores en su plantilla profesional, estaríamos hablando de que un total de 450 futbolistas son empleados, torneo tras torneo.

Estamos hablando pues que entre un 31 y 32 por ciento de los futbolistas profesionales nacieron en otro país. ¿Eso es mucho? ¿Cuál debería de ser el porcentaje adecuado? ¿Qué esto no es un deporte, no es un juego? ¿Qué no lo que debe importar es la calidad del espectáculo y nada más?

¿Quién decretó que el futbol mexicano debe defender a la patria y proteger a los nacidos en nuestro territorio?

Por reglamento, la Liga MX sólo permite el registro de un máximo de 5 extranjeros por equipo. ¿Por qué entonces aparecen no 85 (las Chivas no aceptan más a que mexicanos), sino 140 no nacidos en el país para esta temporada?

La respuesta es multiconocida, porque al menos hay 55 futbolistas naturalizados mexicanos o que tienen esta nacionalidad al ser hijos de padres mexicanos aunque hayan nacido en otro país.

Es decir, personas que apegadas a la Constitución mexicana dejan de ser extranjeros y deben de ser tomados en cuenta como nacionales, sin distinción alguna.

¿Por qué nos escandalizamos de que esos futbolistas que llegaron como extranjeros opten al cabo de unos años por adquirir su pasaporte mexicano? ¿Por qué los señalamos como convenencieros e interesados? Toda persona que opta por apegarse a este derecho, actúe en el campo económico o laboral que usted quiera, lo ha hecho porque le conviene tomar esa decisión. Además claro está de poder alegar otras razones como el amor y agradecimiento a esta patria.

Así un equipo se conformara en su totalidad por extranjeros y naturalizados, para mi no sería tema. Me importa sólo si juega bien o juega mal, si gana o pierde.  

rafael.ocampo@milenio.com

twitter@rocampo