A balón parado

La urgente reinvención de la selección nacional

Sigo creyendo que la selección mexicana de futbol tiene todo para dar hoy el partido que se requiere, ganarle a su similar de Panamá y pasar a la final de la Copa Oro. Seguramente contra el equipo de Estados Unidos que tampoco tendría que tener demasiados problemas para superar a Jamaica.

Al menos para el nivel que se maneja en este torneo, todo pareciera que pasa por mejorar en la contundencia, la principal falla –que no la única–, que han mostrado los dirigidos por Miguel Herrera. El equipo tiene llegada al área enemiga y la intensidad de juego requerida en todos los sectores de la cancha, así que se está más cerca de llegar a la final esperada que de quedar fuera del torneo, como de pronto se ha temido.

Pero para saber en qué queda esta historia habrá que esperar todavía unas horas. En la Copa Oro de hace dos años es cierto que los panameños privaron a los mexicanos de llegar a la final programada en el Soldier Field de Chicago. Así que tampoco es que esto sea cuestión de trámite alguno.

Veo, contrario a lo que dicen jugadores y entrenador, a una selección mexicana demasiado intranquila, ocupada mucho en lo que dicen y cuentan sus críticos de ellos. Y conste que no estoy hablando de divisiones o desunión, que no me constan. Más bien en este apartado pudiera decirse que por todo lo que se ha vivido en estos días se encuentran haciendo verdadero equipo.

Creo que el reto principal del equipo mexicano es vencerse a sí mismos, superar esos rasgos de fastidio y soberbia con los que a veces se comportan. Encuadrarse también un acertado enfoque autocrítico que les permita reconocer con precisión los puntos que no les han permitido ser el equipo poderoso que gane con autoridad en su región. Los sigo viendo demasiado a la defensiva, empeñados en demostrar que sí era penal la marcación que les permitió avanzar a estas instancias… Cuando ello ya es cosa del pasado.

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