A balón parado

La delgada línea que definió al campeón

La igualdad de los contendientes no soportaba un error como el de Avilés Hurtado. Ese penalti fallado fue suficiente para desequilibrar la final entre los Rayados del Monterrey y los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Cada equipo había dominado partes equivalentes en los dos partidos, supieron ser superiores y sufrieron también la superioridad de su contrincante. Con estilo diferente, por un lado, los dirigidos por Antonio Mohamed provocando desconcierto y daño con esos largos pelotazos de los centrales a la remota posición de Funes Mori, experto en bajarla, de pecho o de cabeza, para que Dorlan Pabón intentara disparar o meterse al área listo para retratar a Nahuel Guzmán, como sucedió en el 1-0.

Por parte de los de Ricardo Ferreti con un estilo más clásico, apostando a tener la pelota, a abrirla por los extremos, buscando las espaldas de los defensores.

Y los dos aprovechando las jugadas a balón parado. El 1-0 en el partido de ida fue un remate de un central: Nicolás Sánchez… El segundo gol de Tigres anoche, el que representó el título, vino de la misma manera: un remate de cabeza del central Francisco Meza, tras un tiro de esquina.

Pero Rayados se equivocó en una ocasión… Y Tigres no. Por eso son ahora campeones.

¿Qué provocó la falla del colombiano Hurtado? ¿Solo su pésima técnica al pegarle a la pelota, con la espalda muy echada atrás, lo que invariablemente te lleva a volar un disparo? ¿O también tuvo que ver la presión psicológica, gestual y verbal, que le aplicó Nahuel Guzmán? El portero argentino, experto en estas lides. Tan extraordinario guardameta por sus condiciones físicas, como por el inigualable liderazgo que ejerce, que transmite valores positivos a sus compañeros al mismo tiempo que desquicia a los rivales y a los árbitros.

No era nada sencillo derrotar al Monterrey. Tigres es un gran campeón. 

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