A balón parado

Los sueños guajiros vuelven a ser azules

Un año más de vida no necesariamente nos aleja, a los que de una u otra manera habitamos el mundo del futbol, de la ingenuidad que consiste en fabricar falsas esperanzas. Sueños guajiros, dícese en franco mexicano.

Y he de confesar que no alcanzo a saber si esta tendencia a ilusionarse, a empezar a soñar con triunfos y títulos de forma un tanto gratuita, es uno de los encantos que genera este deporte o un mal realmente nocivo por toda la frustración que se vuelve una avalancha imposible de librar.

Son varias las aficiones que tienden a involucrarse en esta dinámica, pero la que más me llama la atención es la del Cruz Azul. Será porque es la que más conozco. Y será también porque este equipo lleva ya 18 años consecutivos de fracasos en la Liga. Ni más ni menos que 36 torneos cortos sin poderse coronar.

¡36 torneos cortos! Qué cosa más vergonzosa.

El punto es que para algunos buenos aficionados cruzazulinos el equipo que ahora dirige Tomás Boy les provoca ilusión. Creen que ahora sí viene la suya.

¿Por qué? Pues porque tienen ganas y necesidad de creer, porque el equipo que preside Guillermo Álvarez Cuevas realmente no ha hecho nada como para ser considerado favorito por encima de nadie.

Su principal refuerzo, el ecuatoriano Joffre Guerrón, viene de ser suplente en los Tigres campeones de Liga y subcampeones de la Copa Libertadores. Su segundo refuerzo en importancia es el colombiano Aldo Leao, todo un veterano que llegó a ser, (con el Morelia que dirigía precisamente Boy), el mejor jugador de la Liga, pero hace dos años. Sus últimas apariciones, con el Atlas el último torneo, no tendrían que dar tanto lugar al optimismo.

Cruz Azul no tiene ahora mismo ni siquiera director o presidente deportivo (una figura como la que ejerce Ricardo Peláez en el América).

Otra cosa muy distinta es que estos hombres y este entrenador, más el resto de los componentes del plantel, se ganen semana a semana buenas calificaciones. Sería estúpido no reconocérselos si esto se da. Pero por lo pronto, no les regalemos nada. 

 

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