A balón parado

De lo sublime en Ámsterdam, a lo ridículo en Borisov

Del gran triunfo conseguido en Ámsterdam, al terrible fiasco de Borisov, hay sólo 6 días de diferencia.

Se le ganó a una de las selecciones más poderosas del mundo del futbol. Se perdió con una de las peores, a la que la FIFA ubica en su ranking como la 106.

¿Qué explica este escenario bipolar?

Por supuesto que en primerísimo lugar, el empecinamiento de un entrenador como Miguel Herrera quien se empeña en hacer dos equipos titulares y cambiar de forma radical lo que sí funciona por lo que nadie sabe cómo va a funcionar.

Lo había venido advirtiendo desde hace tiempo: todos los partidos que juegue la selección nacional deben de ser tomados con absoluta seriedad. Y en el futbol ser serios empieza siempre por poner a los mejores jugadores.

Pero más allá de la responsabilidad del Piojo, se tiene que revisar también el desempeño de cada uno de los jugadores. Empezando por los defensores, tanto los que jugaron en Holanda como los que lo hicieron contra Bielorrusia, demostraron que están lejos del nivel que un seleccionado debe de tener.

Por supuesto que aquí también el entrenador es responsable, pues él los llama y él los pone. ¿Por qué no volver a poner la línea de tres defensas centrales que consiguieron el triunfo ante los holandeses? Alanís, Herrera y Reyes por ahí ya habían logrado cierto entendimiento.

¿Por qué experimentar por las bandas con mediocampistas como González y Corona que no están para ser considerados como titulares?

La selección nacional terminó dando vergüenza ante los bielorrusos. Descompuesta, desordenada, caótica al final del partido, con Carlos Vela, Chicharito, Héctor Herrera, Andrés Guardado intentando componer las cosas, sin método ni tiempo. Con un esquema desequilibrado al sacar defensores y amontonar delanteros. Como en el llano.

La selección nacional está claro, tiene potencial para acercarse a lo sublime, pero también para estancarse en lo ridículo.

rafael.ocampo@milenio.com

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