A balón parado

Una selección nacional que cueste… No hay otro camino

Qué bueno que en la Federación Mexicana de Futbol empiezan a entender que la selección mexicana de futbol no solo debe representar ingresos e ingresos, algunos hasta muy fáciles, sino que también se le debe de invertir.

Si de lo que se trata es de crecer competitivamente y conseguir metas hasta ahora inalcanzables, el equipo que hoy dirige Juan Carlos Osorio no nada más debe de ser visto como una minita de oro, explotable con partidos de los llamados moleros en ciudades con alta población de inmigrantes mexicanos en Estados Unidos.

Celebro que en noviembre próximo, el equipo vaya a jugar como visitante contra las representaciones nacionales de Bélgica y Polonia. Se trata de dos escuadras de muy buen nivel, la primera con pase seguro al Mundial y la segunda con muchas posibilidades también de meterse.

Y celebro más que en el comunicado que dio a conocer estos partidos se diga que se va a Europa para iniciar un proceso de preparación ambicioso rumbo al Mundial de Rusia 2018, donde la selección tiene ya su sitio asegurado.

Entiendo la importancia del contrato que se tiene con la empresa SUM (Soccer United Marketing). Representa un ingreso muy respetable que no puede desecharse. Entiendo inclusive la importancia de que el equipo nacional vaya periódicamente a plazas en las que se conjunta el orgullo de ser mexicano en territorio estadunidense y que se convierta todo el espectáculo que se genera en algo positivo hasta socialmente hablando.

Pero si lo que se quiere es mejorar el nivel de la selección nacional, francamente estancado, se tiene que ir a probarse contra los mejores y si es en territorio hostil, mucho mejor.

Ojalá en 2018 se invierta (porque ir a jugar a Europa cuesta) en cuando menos dos partidos más ante rivales de primer orden, antes de la concentración final de un mundial que se inaugurará el 9 de junio. Desgraciadamente, siendo realistas, no hay espacio para más.

rafael.ocampo@milenio.com • twitter@rocampo