A balón parado

El sabio cambio de decisión que hizo que apareciera el dinero

Qué bueno que el gobierno federal haya decidido echar atrás en su medida de no premiar con dinero cada una de las medallas que consigan los atletas de la delegación mexicana en los Juegos Panamericanos de Toronto.

Pronto se sabrá cuánto se otorgará, pero se sabe ya que pueden ser montos muy similares a los que se definieron para los juegos de hace cuatro años, los que se llevaron a cabo en Guadalajara: 300 mil pesos por cada oro, 150 mil por las platas y 75 mil por los bronces.

Vamos a ver en cuánto queda la suma, pero si los números van por donde creemos, y si los pronósticos de medallas resultan los que se previeron, habría que destinar al final algo así como 15 millones de pesos.

No creo que por el hecho de recibir estos estímulos, y aun por el hecho de pedirlos, los deportistas deban de ser llamados casi mercenarios. El dinero es parte de todo este entramado y una buena gestión directiva puede arrojar que ese monto no salga del presupuesto que se constituye con nuestros impuestos, sino que provenga de los patrocinadores.

Una representación nacional, los deportistas más destacados de ella, deben estar motivados también en aspectos financieros, sobre todo cuando se ha podido y se puede hacerlo.

Por lo que nos declaró Alfredo Castillo en entrevista la tarde del sábado pasado, el asunto se situó bajo los límites del dinero disponible y no tuvo que ver ninguna otra consideración, sobre todo ligada a querer cambiar el discurso de la exigencia. Cuando el dinero apareció, tras una plática con el Presidente de la República, los premios regresaron. Así de sencillo.

No resultaba, por lo demás, nada conveniente esta decisión para un hombre que como Castillo está empezando una gestión y trae consigo un firme propósito de cambio. Era ponerse a los atletas en contra, justo cuando en su discurso los había puesto como los actores más importantes y se comprometió a ayudarlos.  

 

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