A balón parado

La revolución que le hace falta al futbol mexicano

Espero que en 2016 los propietarios de los equipos de futbol ordenen los cambios que le den secuencia y lógica a una competición que mantiene objetivos y formatos que no corresponden con su realidad financiera.

No es la primera vez, y seguramente no será la última ocasión que escriba de esto. La Liga MX, con sus 18 equipos y sus 14 dueños (cuatro empresarios sostienen a dos equipos), somete cada año a una angustia y a una inestabilidad absolutamente innecesarias a una buena cantidad de sus socios.

Esa fuente de estrés proviene del descenso a una Liga (denominada "Ascenso MX") que lo único que genera es devaluación y abandono.

Si en esa Segunda División (esa es la denominación real del "Ascenso MX"), existen tres, cuatro o cinco empresarios sólidos, que tengan como sede además áreas urbanas atractivas e interesadas en el futbol, lo que debería de hacerse es invitarlos o sumarlos a la máxima división y completar una gran Liga que cumpla con principios elementales como esa de "un equipo igual a un propietario".

El futbol profesional mexicano debe acabar con la ambigüedad en la que se reproduce. Debería de ser más una competencia cerrada del tipo de la NFL, la NBA o las Grandes Ligas, que una que se equipare a las europeas cuyo producto cada vez consumimos más, casi como si fuera nuestro.

Eso de que la amenaza del descenso es el factor clave para mantener la competitividad es una verdadera vacilada.

Como suena ridículo que no se puedan encontrar otro tipo de alicientes para que la totalidad de los equipos se sientan incentivados e inviertan en el armado de equipos con objetivos ambiciosos.

Al futbol mexicano le hace falta tener al frente no un administrador eficiente, se requiere un líder con pensamiento revolucionario. Es una Liga repetitiva que no arriesga, que no innova. Desprecia un campo de crecimiento envidiable.

rafael.ocampo@milenio.com
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