A balón parado

¿Quién es el responsable de tanta derrota?

Me cuesta mucho trabajo entender a los que se declaran desilusionados, enojados y hasta sorprendidos por las derrotas de atletas mexicanos en Río de Janeiro 2016.

¿Pues qué esperaban?

Fuera de los optimistas profesionales o de los interesados con sueldo, nadie pudo haber firmado que la delegación del país en estos Juegos Olímpicos partía realmente como favorita en ningún deporte para traer medallas.

Ni la selección de futbol pues, pese a que acudió como campeona defensora del oro, enfrentaría situaciones realmente desconocidas y con un equipo que no recibió el apoyo que se requería para llegar bien preparada.

Pero muchos aficionados prefieren situarse en el punto preciso en el que una derrota lógica o normal (pues los rivales son mejores, tienen más experiencia), da paso a una declaratoria de amargura.

Cada quién. Insisto en que no se puede esperar nada bueno de políticas deportivas deficientes. ¿De verdad alguien puede culpar a Alfredo Castillo, el titular de la Comisión Nacional del Deporte, de esto que pinta para fracaso en Río?

Alfredo con justa razón podrá decir que a él qué, que él casi casi va llegando y que se encontró con carencias y cosas mal hechas…

¿Alguien puede culpar, por otra parte, a Carlos Padilla Becerra, el presidente del Comité Olímpico Mexicano? Pero por qué a él, si el COM solo recibe a los atletas previo a las competencias de carácter olímpico o panamericano o centroamericano.

¿Quién pues es el responsable de tanta derrota que da lugar al enojo, a la indignación o a la sorpresa?

Pues casi nadie. No hay una política de Estado o de iniciativa privada para generar deportistas de alto rendimiento con posibilidades de tener éxito. En lo que se refiere al gobierno, no hay funcionario que dure en el puesto de responsable del deporte ni siquiera un sexenio. Pero además en seis años no se arregla esto. 

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