A balón parado

El renovador Osorio y el viejo discurso

Dijo Juan Carlos Osorio ayer en la conferencia de prensa previa al enfrentamiento contra la selección hondureña que un entrenador, en este tipo de partidos, aporta el 10 o cuando mucho el 20 por ciento y el gran resto es lo que ponen o dejan de poner los jugadores.

Si se llega a dar un escenario de derrota hoy en el Olímpico de San Pedro Sula, ¿dirá lo mismo? ¿Se atreverá a responsabilizar a los jugadores?

Ojalá no sea necesario encarar al entrenador colombiano con este tema. Ojalá que su equipo sea capaz de cuando menos no perder. Ojalá, por supuesto, que se llegue a obtener la victoria. No le deseo otra cosa a Osorio y a los jugadores. Pero llama la atención que el nuevo entrenador de la selección mexicana de futbol, un supuesto renovador de estilos y formas de trabajo, un discursista y conceptualizador novedoso, un revolucionario apegado a la pedagogía, no pueda desprenderse de los viejos dogmas que enredan a este deporte.

Un día antes del juego quiere desaparecer y restarse protagonismo… Esa actitud la sostiene si se obtiene un resultado positivo… Pero si se llega a registrar lo contrario, entonces sí saldrá a sacar pecho por sus muchachos y será capaz de decir que fue el responsable de la derrota.

En relación a esta idea tan reiterada por su parte ayer, esta de que él no define el estilo de juego sino que este se da por lo que sus muchachos son, me parece que también vale la pena poner un poco de pausa y revisar bien lo que quiso decir.  ¿Entonces cuál es su aporte real? En el juego de su presentación como seleccionador nacional, la noche del viernes pasado en el estadio Azteca, me pareció que Osorio trasladó a todos sus jugadores los límites que les ha diseñado. Los hizo jugar de un modo distinto. Fueron más disciplinados, más concentrados, pero también más rígidos.

Prefiero a un tipo menos modesto y más sincero, alguien que reconozca abiertamente lo que en privado cree que va y puede aportar. 

 

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