A balón parado

La casi remontada no evita decir: ¡Qué vergüenza!

Una actuación de la selección mexicana de futbol en una Copa de Oro, ante un rival como Trinidad y Tobago, no puede arrojar ni producir estos extremos tan, por un lado emotivos, pero al final tan vergonzantes.

Un empate a 4 goles. ¿De qué se trata? Un triunfo que parecía seguro con el 2-0 a favor… pero que en cuestión de unos cuantos minutos se convirtió en derrota 2-3, para casi al final del partido dar espacio a la remontada 4-3 que se festejó haciendo una pila humana y en tiempo de compensación verse otra vez, de forma absurda, empatados en una jugada proveniente de un tiro de esquina.

Jugando así, la selección mexicana va casi al matadero contra la selección de Costa Rica el próximo domingo en Nueva Jersey, en la ronda de cuartos de final. No cabe ni siquiera el consuelo de que los ticos no están jugando en este torneo ni al 10 por ciento de lo que lo hicieron hace un año en el Mundial de Brasil.

¿A alguien, otra vez, le servirá de algo la explicación de entrenador y jugadores destacando que tuvieron coraje, que tuvieron los arrestos para darle la voltereta a un marcador? ¿Alguien obtendrá satisfacción cuando le recuerden que la selección dominó en el primer tiempo?

Es muy triste comprobar los límites de este proceso. ¿Cómo puede ser que los mejores futbolistas con los que cuenta el país no puedan entregar las victorias necesarias?

¿A qué puede aspirar una selección nacional que no es capaz de imponer autoridad en el torneo que le corresponde?

El Piojo anoche corrigió algunas cosas a la ofensiva, pero descompuso muchas otras en la zona de abajo. No hay pues equilibrio. Los errores sepultan cualquier intento por querer ver algo positivo.

Este equipo no da ninguna certeza de que pueda ganar la Copa Oro. Tienen el próximo domingo la oportunidad de redimirse, ganando de la forma en la que sea. A nadie le importará ya el cómo.

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