A balón parado

La relación entre Miguel y Carlos

Pasó de largo por la llamada zona mixta. No le interesó a Carlos Vela platicar, dejarse entrevistar por algún periodista de los que habitualmente acudimos a los juegos de la selección mexicana de futbol. El para muchos mejor futbolista del Tri ignoró todas las solicitudes de detenerse y enfrentarse al micrófono o a la grabadora.

Me entero que aún la del mismísimo Hristo Stoitchkov, el gran goleador del Barcelona que trabaja ahora para la cadena Univisión en el mercado latino de Estados Unidos y que se hizo presente en esta cobertura.

A mí la verdad me da igual si Vela decide hablar o no con los medios. Tiene que hablar en la cancha y demostrar que tanta esperanza e insistencia para que aceptara regresar al representativo nacional tenía sentido.

Por lo pronto, Miguel Herrera lo pondrá como titular acompañando a Javier Chicharito Hernández en la delantera ante los holandeses. De esta manera, en su regreso como seleccionado el ahora delantero de la Real Sociedad aparece como figura, sitio que no alcanzó en ninguna otra convocatoria.

Lo que siempre quiso Vela y le dio problema cuando empezó a consolidarse un poco lejos del Arsenal. No le gustaba ser llamado para sólo ser considerado algunos minutos como relevo.

Hoy nadie podría cuestionar al Piojo si le otorga el papel principal en la propuesta ofensiva de su equipo. Más bien muchos le reclamarían por no irse por ese camino.

El tema que debe iniciar hoy en Ámsterdam es el de una profunda y auténtica buena relación entre un entrenador muy bueno y un jugador que tiene todo para convertirse en excepcional. Aunque apele al colectivo como identidad, Miguel necesita una figura por encima de todas y Vela a un entrenador que confíe plenamente en él y le otorgue la principal responsabilidad.

Todo sin despertar resquemores o celos en gente como Chicharito, Guardado, Giovani o el mismísimo Oribe Peralta.

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