A balón parado

No pudo el pobre. Ganó, otra vez, el rico

De vez en cuando vienen al caso estas analogías en el futbol: no pudieron los pobres contra los ricos el sábado en el majestuoso Estadio de la Luz, en Lisboa.

 Se quedaron a dos minutos de la gloria que significa ganar por primera vez una Champions League, los guerreros de Diego Simeone y su Atlético de Madrid. El equipo que se armó con corazón y coraje para desafiar esta temporada a los dos gigantes del futbol español terminó sucumbiendo ante su falta de fuerza y recursos, desgastado en una batalla tan feroz como larga.

 Sobrevino entonces, en el minuto tres de los cinco que el árbitro otorgó de compensación, el empate a uno que dio paso a los tiempos extras. Y en estos no hubo momento alguno en que se pudiera pensar que llegarían los penales… El Real Madrid abusó, de la mano de sus excelsas figuras, de esos grandes futbolistas que han constituido la nómina más alta de cualquier Liga de futbol profesional en el mundo.

 Se estrelló y se despedazó contra el piso uno de los sueños más románticos que pueden construirse en el futbol de nuestros días: que un equipo modesto, con recursos muy contados, le termine pegando y arrebatando al más grande el deseado dulce que significa ganar el torneo más importante a nivel de clubes.

 No se pudo. Llegando tan cerca, no se pudo. Y eso genera más decepción que nunca, aunque haya quienes se encargan de decir que el Atlético no debe sentirse tan mal pues finalmente fue capaz de ganarle al Barcelona, en el último partido de la competencia y jugando de visitante, la Liga.

 Eso es cierto y en su momento dio para muchas alegrías. Pero los rojiblancos habían ganado ya antes que esta obtenida en el Camp Nou, nueve Ligas más… Lo que nunca habían ganado era la Champions: el gran torneo de los equipos ricos de Europa. Y para que se vuelvan acercar tanto puede pasar toda una vida. Lo que sigue ahora es que los clubes ricos deshagan al conjunto de Simeone comprando a sus mejores talentos. 

 

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