A balón parado

El protocolo presidencial y la desunión del deporte

No sé qué tan unido vaya el deporte mexicano a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Me queda muy claro que entre los atletas y entrenadores que representarán al país en esta justa no hay absolutamente ningún lío. El tema candente, como casi siempre, se remite a los dirigentes.

Ayer en el acto en el que en la residencia oficial de Los Pinos, el presidente Enrique Peña Nieto, abanderó a la delegación que partirá en unos cuantos días a Brasil, el director de la Conade, Alfredo Castillo, aprovechó su momento al micrófono para lanzar algunos buenos dardos al presidente del Comité Olímpico Mexicano, Carlos Padilla Becerra… Presente este último ahí en el presídium.

Castillo aprovechó para manifestar que la presión que ejerció sobre varias federaciones, meses atrás, no impidió conformar la delegación más numerosa de atletas a unos Juegos Olímpicos… Agradeció el apoyo del Presidente de la República y de su jefe directo, el secretario de Educación Pública, en esta lucha que en su momento tensó tanto las cosas que desde el Comité Olímpico Internacional se advirtió que la participación de México estaba en riesgo.

Padilla Becerra, a unos tres metros de distancia, sólo sonreía con cierto nervio o con ansiedad, porque conociéndolo un poco, feliz de la vida se hubiera parado y tomado el micrófono para discutir con su interlocutor.

Pero el protocolo se impuso. En el acto solo estaba programado que hablaran Castillo, dos atletas (uno del deporte olímpico y otro del paralímpico y, por supuesto, el presidente Peña Nieto.

El gobierno prometió todo el apoyo que los atletas requieran en Río de Janeiro… Vamos a ver si cuando menos hay garantías de que los dirigentes de uno y otro bando no se peleen en público. Y que esto, por supuesto, no vaya a terminar afectando a los atletas a los que tanto se quiere cuidar. Nuestro deporte.

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