A balón parado

La profesionalización de los llamados al Tri

Son tan pocos los partidos amistosos de preparación que un entrenador de selección nacional puede disponer en todo un proceso de preparación rumbo a un mundial, que vale mucho la pena proponerse no desperdiciar ninguno.

Y esto significa poner en cada uno a los mejores jugadores del momento, los que realmente se considere pueden hacer que el partido en cuestión se gane.

Poner jugadores para ver si funcionan me parece que ya no se vale. Sobre todo cuando estamos hablando de que el entrenador nacional y su equipo de auxiliares se dedican en cuerpo y alma a su trabajo, sin distracción alguna.

Ello implica que si el entrenador quiere conocer a un jugador, saber cómo se expresa, cómo entrena, cómo se comporta, puede hacerlo en cualquier momento previo al de una concentración y no desperdiciar un llamado para realizar esa tarea.

La experiencia de un entrenador debe llevarlo a proyectar el desempeño de ese jugador y saber si puede funcionar de forma adecuada en su esquema táctico.

A lo que voy es a que un entrenador de la selección mexicana de futbol debería de cumplir con un protocolo para poder incluir en su lista a los jugadores que crea le pueden servir. Aceptar esto, crearlo, hacerlo público y visible, sería evolucionar.

Y nadie está hablando de quitarle libertad, en este caso a Miguel Herrera, para poder llamar o considerar a quien quiera. Simplemente decirle: mira, si quieres llamar a estos jugadores nuevos, que no conoces, este es el procedimiento... Este, que incluye estos pasos. Todo con el fin y la garantía de que las cosas se harán mejor. La obtención de buenos resultados se puede trabajar mejor y el poco tiempo se puede también aprovechar mucho mejor.

Por lo pronto, ojalá que la noche del sábado contra Chile, el Piojo no haga experimentos que un rival de ese tipo no está para ello, ni viene con esa idea.

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