A balón parado

El problema es Jorge Vergara

La permanencia de Jorge Vergara en las Chivas no debe ser vista ya como una cuestión de dinero. Todo debe remitirse a los terrenos de la capacidad.

Es más que evidente que el también propietario de Omnilife no puede con la principal misión que debe tener un equipo de futbol que se ubica como el más popular del país: ganar partidos, conseguir títulos.

No hay que darle demasiadas vueltas a este asunto. Aunque pudieran enlistarse varias razones que han impedido el éxito de los rojiblancos, lo que sobresale es la mala gestión de Vergara, traducida en pésimas determinaciones.

La última: ha decidido apostar por Matías Almeyda, un entrenador que no conoce la Liga MX, demasiado inexperto además pues sólo ha dirigido antes a dos equipos. Esto ha implicado el despido de José Manuel de la Torre y de Néstor de la Torre, director técnico y presidente del equipo. ¿Quién va a llegar en lugar de este último? No se sabe.

Problemas de dinero queda claro que no enfrenta Jorge Vergara. Tendrá que liquidar los contratos de los De la Torre (se habla de una indemnización de hasta 3 millones de dólares) y asumir las percepciones de Almeyda y del séquito de éste, de al menos cuatro auxiliares que también vienen de Argentina.

Me remito ahora no al momento, sino a la historia de Vergara como propietario de las Chivas. Es muy cierto que rescató a este club del oprobio de la quiebra financiera, que le dio nueva identidad, con recursos creativos. Es cierto que fortaleció a las fuerzas básicas… Pero eso ya fue.

De lo que no puede escaparse es de una seguidilla de desafortunadas decisiones: Contratar a Raúl Arias como DT… A Rafael Lebrija como presidente… A Johan Cruyff como asesor… A Rafa Puente Jr., como presidente… A Paco Palencia, como nadie entendió qué… A Albert Benaiges, como reconstructor de la cantera…

Y podría seguirle y seguirle poniendo nombres.

Vergara no puede. Debe vender a las Chivas. 

 

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