A balón parado

El problema del Cruz Azul no se llama Sergio Bueno

No se debería ir del Cruz Azul nada más Sergio Bueno. Si se actuara con congruencia en este equipo debería de presentar también su renuncia, cuando menos, el director deportivo del club, Agustín Manzo.

Manzo, un ex delantero que jugó en los ochentas para el América y el mismo equipo de la cementera, fue el encargado de armar “el proyecto”, como pomposamente se dice ahora a lo que se presenta cada temporada.

Ese plantel que se le entregó a Bueno, es caótico, improductivo y nada leal. Además, el entrenador colimense fue la última opción de Manzo, quien tanteó y se entrevistó con cuando menos tres o cuatro directores técnicos diferentes.

Nada exitoso se podía esperar de ello. Como tampoco de lo que se dice que viene. La inminente presentación de Tomás Boy como el sustituto de Bueno resulta tan cuestionable como la llegada del que fue despedido ayer. No ha ganado absolutamente ningún título, es protagónico y soberbio. Su estilo de juego se ha difuminado. Hoy pocos podrían describir el estilo de Tomás.

Pero más allá del personaje que llegue a dirigir el plantel, insisto, lo que hace falta es un equipo armado con coherencia, sin la intervención ambiciosa de promotores que sin escrúpulo alguno colocan a sus representados sin atender si estos van a poder realmente aportar sus atributos futbolísticos.

El problema de Cruz Azul es su directiva. Su presidente, Guillermo Álvarez Cuevas, que nadie sabe ya si ejerce como tal o sólo contempla lo que su retoño (se dice que su hijo Robin maneja ya al equipo) no acaba por hacer. El problema es la ignorancia y opacidad con la que se han conducido sus variados directores deportivos en los últimos años.

Parece que el Cruz Azul es un equipo abandonado a su mala suerte. Quiero ver cómo quien sea que llegue pone orden a todo este relajo. Quiero ver si alguien es capaz de imponer una sola y congruente línea de mando. 

 

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