A balón parado

El primer y único ensayo no da para tanto optimismo

Es poco lo que se esperaba ver de la selección mexicana de futbol anoche en el Qualcomm Stadium de San Diego. Un equipo agresivo al máximo, en búsqueda del gol, y del segundo y del tercer gol, con energía, continuidad y prestancia.

Pero también se esperaba un reflejo exacto de un equipo conjuntado, que se entendiera como luego se dice casi a ojos cerrados.Si no para qué tomar como base al América, que aportó a siete de sus jugadores en el once inicial.

El equipo dirigido por Miguel Herrera cumplió apenas con suficiencia, es decir con la letra S, con estas premisas. Le faltó energía, ambición e imaginación al momento de bordear el área.

Y bueno, no puede ser, es sencillamente inaceptable, que en la primera llegada que generó el rival se traguen un gol.

El Tri no demostró variantes. Estoy seguro que si los neozelandeses vieron y analizan una y otra vez el video del partido contra Finlandia, intentarán neutralizar los balonazos que desde el centro del campo, siempre con comodidad, intentó varias veces Rafael Márquez hacia la banda derecha, a las incorporaciones del siempre desmarcado Paul Aguilar.

Lo mismo que las jugadas a balón parado, como aquel centro que terminó con la anticipación de Márquez para hacer el primer gol del juego. Todo esto es fácil de ver y de neutralizar.

La selección, o el América reforzado por el León (como usted prefiera), tiene que mejorar en velocidad y precisión cuando se acerca al área enemiga. Intentar más jugadas como la que terminó con el gol del Gullit Peña por el centro del área, luego de tocarla muy bien haciendo una pared con Oribe Peralta.

No sé qué tipo de entrenamientos tenga diseñados Miguel Herrera, pero bien haría en repetir una y otra vez ese esquema de ataques a pelota controlada con un montón de grandotes bien parapetados en el área, esperando el pase largo y buscando anticiparse y encimar en el servicio corto.

Y habrá que pedir también más carácter y determinación todo el tiempo.

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