A balón parado

La preocupación sobre el futuro de los Gallos

No es nada sencillo mantener un equipo de futbol profesional en la Primera División. Se requiere de mucho dinero, proveniente de empresas o grupos empresariales muy fuertes, dispuestos a poner un buen porcentaje de sus utilidades en beneficio de lo que termina siendo una pasión o un gusto más que un negocio.

   Por supuesto que esos empresarios y esas empresas cobran una notoriedad social muy grande, un factor que pudiera inclusive compensar los balances con números negativos que irrefutablemente se observan si de lo que se trata es de comparar con simpleza los renglones de ingresos y egresos.

   Ahí sí, cada empresario decide la razón por la cual se mantiene activo como propietario o socio de un equipo de futbol. ¿Para cuánto tiene? ¿Hasta cuándo le alcanzará? ¿Qué tan sana y exitosa es la empresa de la cual sale el dinero para sostener lo que para unos es un hobby y para otros un puro capricho.

   Todo esto viene a cuento porque todo indica que un empresario que se empezó a involucrar con gran entusiasmo apenas hace unos cuantos meses, Amado Yáñez, cabeza del Grupo Oceanografía (que le renta buques a la paraestatal Petróleos Mexicanos), está en problemas verdaderos, con una acusación muy seria de fraude por varios millones de dólares. De hecho, es el SAE, el Servicio de Administración y Enajenación de Bienes que depende de la Secretaría de Gobernación, quien tomó ya el control de dicho grupo.

   ¿Qué va a suceder, por lo pronto, con el club Querétaro de la Primera División, uno de los varios equipos auspiciados por Oceonografía? ¿La intervención administrativa de la empresa permitirá seguir destinando recursos para el equipo de futbol profesional? O, como se teme, se dejará a la deriva a los jugadores y cuerpo técnico y de auxiliares comandados por Ignacio Ambriz.

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