A balón parado

Lo que pasó en el Omnilife es grave

Lo verdaderamente grave de lo que sucedió la tarde del martes pasado en las tribunas del Estadio Omnilife, no es tanto que se haya producido una bestial agresión contra unas personas a las que se les ocurrió sacar una manta con una leyenda provocadora en contra de las Chivas.

Lo que resulta intolerable es que no se hayan tomado medidas efectivas contra estos personajes violentos, sancionándolos de forma realmente severa, desde hace ya un buen tiempo. Guadalajara y su zona conurbada, los estadios Jalisco y Omnilife, han sido escenarios de varios hechos terriblemente vergonzantes y la impunidad que se genera en torno a esos integrantes de barras es lo que finalmente propicia que se atrevan a seguir actuando.

Saben estos delincuentes que no les va a pasar absolutamente nada grave o severo y por eso siguen atreviéndose a protagonizar esta violencia.

¿A qué me refiero? A que no hay un verdadero conocimiento de quiénes son los que integran estos grupos. A que no están plenamente identificados. A que no se ha trabajado con ellos para alejarlos de sus actitudes intolerantes.

Pero también a que la vigilancia y seguridad en estos inmuebles se relaja a la menor ocasión. ¿Cómo es posible, por principio de cuentas, que se permita el acceso de una manta de esa dimensión? ¿Qué no hay revisión a cada persona que entra al estadio, más cuando el número de aficionados es tan reducido como el que se da con un partido de Copa?

¿Qué sanciones prepara la Comisión Disciplinaria de la FMF para Chivas por este último hecho? ¿O qué, por ser un partido de Copa debe ser olvidado, debe de darse vuelta a la hoja?

Cada que se presenta un hecho de este tipo todo mundo intenta lavarse las manos, hay que trascender esa cultura. Lo que tiene que establecerse con urgencia es un verdadero programa de trabajo para reducir y acabar con los violentos y para conseguir que la seguridad realmente funcione.

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