A balón parado

La obligada ruta del comisionado Castillo

No hay forma de documentar lo que Alfredo Castillo ha denunciado en las últimas horas. Este complot de la Federación Internacional de Natación contra los clavadistas mexicanos que participan en los Juegos Olímpicos de Río, porque el gobierno mexicano se niega a pagar la multa que originó la cancelación de los Campeonatos Mundiales de Natación Guadalajara 2017.

Me he situado a favor de la lucha que ha encabezado Castillo contra la corrupción en ciertas federaciones deportivas. Me parece una batalla urgente. Pero con toda sinceridad, yo no veo nada de lo que él dice. Y por lo que se ha visto, nadie más lo ve, ni los propios deportistas que en teoría han sido afectados, ni sus entrenadores. Vamos, ni su familia.

Por eso lo que Castillo ha dicho en este punto suena a pretexto, a desmesura, a delirio. El director de la Conade sabe muy bien lo que hace. Ha vivido los últimos años alerta, enfrentando diversos enemigos, sabe pelear y sabe ganar esas peleas. Pero insisto en que tiene que tener una mejor estrategia o, en su defecto, mejores asesores que le marquen mejor sus tiempos.

El comisionado Castillo ya no aparece con un perfil de hombre justo y medido, sino como alguien muy visceral y hasta irritable, fácilmente provocable. Alguien con ese perfil no genera confianza como para encabezar cambios profundos.

Alfredo tiene que hacer una reflexión profunda y definir un nuevo perfil. Cuidarse mucho mejor, ni modo, en sus apariciones en público, estar muy consciente de que lo van a estar vigilando y atacando.

Esto si realmente tiene como propósito concretar el cambio que él mismo nos vendió y que muchos le compramos.

Sería ideal que se desdijera de la teoría del complot contra los clavadistas y establecer un discurso autocrítico y de crítica también hacia el mismo medio y personajes con los que ahora quiere quedar bien.

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