A balón parado

Entre la negación y la brujería, pobres de los cruzazulinos

El presidente del Cruz Azul salió a dar la cara finalmente. Guillermo Álvarez Cuevas dijo en entrevista con Fox Sports que no piensa renunciar a su cargo. Hay una Asamblea de cooperativistas o socios a los que rinde cuentas y son éstos los que, en todo caso, lo pueden remover o exigir cuentas. Se sabe que estos integrantes de la empresa cementera no gozan de cabal independencia y jamás se han atrevido a encarar al buen Billy. Lo que este empresario, que maneja también los destinos de una de las productoras de cemento más importantes del país, alega es que durante su gestión el Cruz Azul ha jugado varias finales, tanto en la Liga como en otras competiciones. Pero habrá que recordarle que lleva ya varios torneos consecutivos sin clasificarse a la Liguilla, el minitorneo donde los ocho primeros de la tabla se disputan el título. Ya ni siquiera puede presumirse que el equipo es el más regular de los subcampeones. Entre esta férrea posición del señor Álvarez (que tampoco es que explique cómo le va a hacer para lograr que los cruzazulinos puedan hacerle para ganar otro título), y una osada y oportunista señora que fue a practicar brujería ayer a las puertas de los campos de entrenamiento de La Máquina, transcurren las últimas horas de este equipo. La negación y la superchería, que triste panorama el que enfrenta el verdadero aficionado al Cruz Azul. Nadie, ni propios ni extraños, aporta absolutamente nada que diga cómo un equipo tan ganador en los años setenta del siglo pasado, puede recuperar ese brillo. La realidad es que el único que realmente sale perdiendo, sufriendo de verdad, es el seguidor fiel de este equipo (contabilizados en millones, todavía tanto en México como en Estados Unidos). Ellos solo reciben dosis pesadas de vergüenza. Todos los demás ganan dinero y ganan dinero. Y se vuelven muy cínicos también.

rafael.ocampo@milenio.com • twitter@rocampo