A balón parado

El mundo feliz de los dos Ricardos

Que Ricardo La Volpe llegue al América es una muestra de decadencia. Es como si el Boca Juniors o el River Plate de Argentina decidieran revivir a César Luis Menotti o Carlos Salvador Bilardo.

La Volpe es un entrenador que se ha cansado de ser entrenador. Sus rutinas han llegado a ser aburridas, leídas, estudiadas. No es un entrenador que se renueve, ni en discurso ni en prácticas.

La Volpe no está ya para el día a día de un equipo de futbol y menos en esa posición de mariscal. Está para que su indudable sabiduría sea aprovechada desde otra posición.

No sé a qué está jugando el América con Ricardo Peláez a la cabeza. Es más fácil de entender el papel de La Volpe en esta historia pues tiene todo por ganar. Cobra notoriedad, se hace de la dirección técnica de un grande de una forma un tanto inesperada. En fin.

Lo que ahora habrá que supervisar periodísticamente es el tipo de relación que establecen los dos Ricardos. ¿Seguirá Peláez tan amo y señor de la situación? ¿Seguirá Peláez dando permisos sin avisar al entrenador y tolerando indisciplinas de jugadores como dicen que las tolera?

¿Seguirá Peláez con este discurso que engrandece el rol de los jugadores en detrimento de la autoridad del entrenador?

¿Y qué tanto La Volpe permitirá esto? Su posición de un entrenador que buscó la chamba (de forma legítima lo aclaro), es decir, que no fue buscado, le permitirá pintarle la raya a sus directivos?

Y mientras tanto habrá que ver si este América tiene a los jugadores necesarios para hacer un planteamiento táctico agresivo... Una ofensiva que empieza en la defensa.

¿Logrará La Volpe el equilibrio que no ha logrado en ninguno de los últimos equipos que lo emplearon?

¿Veremos a un La Volpe agresivo e intratable con los periodistas que lo cuestionan?

Cuantas cosas tan atractivas. Pese al carácter decadente de esta decisión hay que reconocer que tiene su gran dosis de morbo y eso siempre le cae bien a una Liga.

rafael.ocampo@milenio.com
twitter@rocampo