A balón parado

La muerte de los Mundiales de futbol

Un acto de insoportable populismo de Gianni Infantino, el hombre que se vendió como el gran renovador de la FIFA para ocupar el lugar del corrupto Joseph Blatter, acabará de forma definitiva con la filosofía de excelencia con el que se construyó el concepto de las Copas del Mundo de Futbol.

Es justo decir que no es el primer atentado contra este torneo que nació, hace ya casi nueve décadas, con la idea de reunir cada cuatro años a las mejores selecciones nacionales de este deporte de las distintas confederaciones que se agrupan en la FIFA. Una vez que se estabilizó en 16 selecciones pasada la mitaTd del Siglo 20, creció a 24 para estabilizarse tiempos después en 32. Así estaba bien, aunque a muchos les parecía demasiado masivo.

Pero en el 2026 habrá 48 representativos nacionales en la fase final del torneo. Un Mundial que todavía no tiene sede, pero que en teoría correspondería organizar a alguna de las potencias de la Concacaf. La razón es muy simple: Infantino está pagando con esta decisión los votos que le dieron para llegar a la presidencia de la FIFA. Qué importa que se pudra el máximo evento del futbol mundial. Hay que pagar favores. Todo lo demás que se diga saldrá sobrando.

La primera fase de ese Mundial va a ser de una mediocridad insoportable, con goleadas inmisericordes. Al menos que se decida poner a jugar a los malos contra los malos (es decir, fácilmente a 30 selecciones) entre sí y que los buenos solo entrenen mientras aquellos se eliminan. No se me ocurre otra cosa.

Aunque se ha hablado ya de 16 grupos de tres equipos de los cuales pasarían a la segunda ronda los dos primeros. En fin, la FIFA misma tendrá que inventarse ahora un nuevo torneo en el que realmente estén los mejores... Algo que tampoco es la Copa Confederaciones, que a este paso también debería de crecer de 8 a 16 o hasta 24 selecciones. Es curioso que un gran negocio puede derrumbarse por manejar tanto dinero.

rafael.ocampo@milenio.com • twitter@rocampo