A balón parado

Las mordidas de la FIFA y su célebre doble moral

Es más fácil para la FIFA encajarle el diente al mordelón uruguayo Luis Suárez que, desesperado por el maltrato de sus marcadores, recurre a defenderse de ésta reprobable manera, que sancionar a quienes reciben y dan las mordidas que realmente deben de ser sancionadas con dureza.

¿Dónde está? ¿Cuál es el estatus de la investigación que se ordenó para conocer si en la designación de la sede de Qatar para el Mundial del 2022 lo que pesó en la votación fueron los sobornos que se repartieron entre los delegados con votos?

Pues estancada en el mar de intereses que la máxima instancia del futbol mundial ha procreado y mantenido.

Pero para no sentirse inútil e inoperante en lo moral, es que la FIFA decidió responder a la opinión pública que ha puesto en el nivel de un enfermo mental a un extraordinario futbolista como es el delantero del Liverpool.

Bueno pues si la conclusión que lo condenó a una purga ejemplar (9 partidos de Copa del Mundo suspendido, cuatro meses alejado de cualquier competencia y una multa de poco más de 110 mil dólares), tras haber mordido al italiano Giorgio Chiellini, es que está enfermo, pues debieron ordenarle una serie de sesiones psicológicas certificadas.

Pero nada que ver. La FIFA intenta lavarse un poco la cara con el caso Suárez. Sabe que su decisión será festejada y reconocida casi unánimemente, pues hoy el uruguayo es el villano perfecto.

¿Qué hubiera pasado si el árbitro Marco Rodríguez se hubiera percatado de la agresión y expulsa al delantero? Seguramente estaría cumpliendo una sanción de uno o dos partidos de suspensión como corresponde a una agresión de ese tipo.

El miércoles pasado, durante el juego entre franceses y ecuatorianos en el Maracaná, la televisión mostró un codazo impresionantemente fuerte y descarado dado por el defensor galo Sakho a un atacante rival. Y el árbitro no lo vio y no pasó nada. ¿Van a revisar la jugada o no tiene caso porque no es mediática?  

 

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