A balón parado

Lo mejor: que Osorio ya no hable tanto

Tras varias semanas de sano alejamiento de los medios, Juan Carlos Osorio decidió reaparecer. Lo hizo al menos en dos entrevistas, con Televisa y Televisión Azteca, las televisoras propietarias de los derechos de transmisión de la selección nacional.

El colombiano partió ayer a Brasil, concretamente a Salvador de Bahía, para presenciar de forma directa los partidos que jugará la Selección Sub 23 que dirige Raúl Gutiérrez y que a partir de mañana empezará su defensa del oro olímpico.

Un poco con ese pretexto, el del viaje, justificó sus apuros para dar esas dos entrevistas. Ignoro si ya en tierras brasileñas mostrará con otros medios la apertura que lo caracterizó hasta antes del desastroso resultado con el que la selección chilena, despidió a su equipo de la Copa América Centenario.

El tema es qué de nuevo tiene que decir el señor Osorio. Escuchar su prosa cargada de conceptos domingueros. Oírlo hablar de movimientos tácticos, de vértices 18. ¿Para qué?

Dijo a mi querido compañero Carlos Guerrero, en Los Protagonistas, que ningún mexicano sufrió tanto la derrota como él… También que considera fundamental recuperar la confianza del aficionado mexicano en su proyecto. Y por último, que buscará recuperar la credibilidad de él y de sus futbolistas.

El asunto es ¿cómo? Cómo piensa alcanzar estos dos últimos objetivos. No lo dice.

Creo que Osorio tendría que dejar esa manera de andar hablando por todos lados, esa tendencia a dar cátedra, ese gusto o placer que empezó a sentir cuando veía cómo sus interlocutores se le rendían, quedándose sin argumentos.

Lo mejor es quedarse callado y hablar sólo con lo que su equipo muestre en la cancha. Osorio no va a hacer nunca el análisis autocrítico que tendría que hacer. Tampoco va a criticar a sus jugadores como debería de hacerlo. Mucho menos va a dejar de llamar a las vacas sagradas.  

rafael.ocampo@milenio.com

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