A balón parado

La maldición de Peláez

¿Qué le pasó al América que tan bien venía cerrando el torneo, con la calificación casi amarrada a la Liguilla? Les cayó encima el inesperado alejamiento de su presidente deportivo, Ricardo Peláez, y el equipo se deshizo. Dos derrotas consecutivas desde que este hombre fue literalmente echado del plantel, sin posibilidad de despedirse siquiera de sus anteriormente dirigidos, los dejaron haciendo el ridículo.

Este América, con La Volpe y Peláez, con todos sus integrantes juntos, tenía posibilidades de pelear por el campeonato. Habían logrado reponerse de una campaña de horror, con jugadores clave suspendidos o lesionados. Habían logrado que jovencitos de su cantera asumieran un rol importante en el primer equipo... Negar que la salida de Ricardo Peláez tuvo algo o todo que ver en esta caída es no conocer el delicado trabajo que hacía este directivo.

Ricardo se encargaba de mantener el ánimo competitivo al máximo. Pocos personajes en nuestro futbol transmitían la concentración que se requiere para salir a la cancha convencidos de ganar. Y hasta donde sabemos este rol lo hizo hasta el último día en que quiso o lo dejaron trabajar. Esto les faltó a los jugadores y cuerpo técnico del América en los partidos de las jornadas 16 y 17, ambos en el Estadio Azteca, y ambos finiquitados con derrotas, ante el Atlas y el Pachuca. ¡Dos partidos perdidos de forma consecutiva de locales! Cero de seis puntos posibles... cuando con dos de ellos, es decir con dos empates, se hubieran situado en la Liguilla.

Lo peor que puede hacer lo que queda de la directiva americanista, o en su defecto el propietario, o quien tomará la decisión de a quién darle el equipo, es desestimar la afectación que sufrió el América por la visceral decisión de correr a Peláez o de no convencerlo de que no se fuera de esa manera. Pero bueno, hay veces que el coraje y su desahogo importan más que el fracaso. 

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