A balón parado

La mala obra de Marchesín y la tarea de Irarragorri

Me parece muy desagradable, de un terrible mal gusto además, lo que hizo la tarde del domingo pasado un grupo de aficionados del Santos Laguna.

Al momento de que Giovani dos Santos y sus compañeros del Galaxy de Los Ángeles llegaron a su hotel de concentración, éste fue recibido con gritos de “borracho, borracho, borracho”.

La respuesta del jugador fue muy inteligente, consistió en una amplia sonrisa, algo que ni siquiera puede interpretarse como provocación.

No por ello debe juzgarse como algo menor lo que hicieron estos aficionados. Decidieron repetir la descalificación que de Gio hizo el portero santista Agustín Marchesín en el juego de ida que enfrenta a estos equipos. Claramente se aprecia cómo, tras un choque en su área con el mexicano, el argentino le grita borracho y le hace una seña con la mano como si se estuviera llevando a la boca un vaso o una copa.

Que eso que pasó en el campo sea llevado a otros escenarios me parece ruin. Conozco lo suficientemente bien a Alejandro Irarragorri el presidente del Santos como para saber que este comportamiento de un sector mínimo de sus aficionados no le debe gustar nada.

Lo que sigue, sugiero, es que desde el club se pida a los aficionados que hoy que se llevará a cabo el partido, el grito de “borracho, borracho” no se convierta en algo masivo, tomado como bandera por un sector amplio de la tribuna. Esto sí que es evitable, pero hay que trabajar para ello.

No puede la directiva de Santos no darle valor a su acción inhibitoria. Y ojalá también hablen con Marchesín y lo reprendan a partir de lo que ha provocado con su ofensa. No creo que el argentino se sienta muy bien viendo el video en el que se descalifica a Giovani a la llegada a su hotel de concentración.

Cualquier jugador, pero más uno que ha representado a su país con éxito desde jovencito, no merece una descalificación de este tipo. 

 

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