A balón parado

Muy mal Tomás Boy, pero también el provocador

Por supuesto que Tomás Boy se equivoca al caer en la provocación del aficionado atlista que le reclamó al final del partido del sábado pasado en el Estadio Jalisco.

Hizo muy mal el entrenador en responder con una agresión física, consistente en al menos un puñetazo al tipo que lo encaró echándole en cara que era un “cagón”. Por más que todo esto haya sucedido en la tribuna o en uno de los pasillos de la zona VIP, pues Tomás no pudo estar en su zona de banca por encontrarse suspendido.

Un hombre con la imagen y responsabilidades que tiene el director técnico del Atlas no puede responder con violencia, ni en el campo ni en la tribuna ni en la calle ni en ningún lado. Al menos que acepte las consecuencias de proceder de esa manera.

Seguramente vendrá una seria amonestación o castigo para Tomás por parte de la directiva del equipo rojinegro. Un club no puede negarle a sus aficionados el derecho que tienen a no estar de acuerdo con la manera en la que juega su equipo. Ni a validar que esas posiciones sean respondidas con golpes.

Pero habría también que concluir que no por tratarse de un aficionado que paga su entrada se debe de caminar con derecho a provocar o a insultar a los protagonistas del juego. Ni a nadie, incluyendo al árbitro. Menos todavía a otros aficionados. Si ya de por si el grito colectivo a la hora de reclamar algo, que lo vuelve casi anónimo, resulta ofensivo, más lo es cuando se cae en el descaro de hacerlo casi cara a cara. No se puede apelar a tanta impunidad.

Levantada la denuncia ante el Ministerio Público por el delito de lesiones será un juez el que determine la real trascendencia y el castigo que debe establecerse a los protagonistas por este hecho.

No justifico un ápice a Tomás Boy, reitero que se equivocó y debería sancionársele, pero también éste y todos los aficionados proclives a expresiones y actitudes violentas deberían de generar autocrítica.  

 

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