A balón parado

Las locuras del "antifascista" Tomás Boy

El mejor aporte que puede proporcionarle Tomás Boy al Cruz Azul es el que pueda plasmarse sobre la cancha. Si ahí el apodado Jefe le saca el carácter a sus dirigidos, si les imprime un espíritu guerrero, si los hace jugar de forma vistosa y, además, efectiva, estará cumpliendo de gran manera con la labor para la que lo contrataron.

Hasta ahora, hay que decirlo, parece que va por el buen camino. Donde no aporta el señor Boy, pese a lo que digan sus corifeos, es generando polémica barata y absurda con declaraciones como la que se soltó ayer, calificando de “fascista” el himno deportivo de la Universidad Nacional Autónoma de México.

¿A qué viene al cuento esta declaración? Vean cómo es que se registró. Cuando los reporteros que cubren al Cruz Azul acudieron al aeropuerto de la Ciudad de México para reportar la salida a Cancún de los cementeros.

“Satisfecho nunca estoy, la verdad estoy enojado porque pienso que el partido lo debimos de haber ganado, fuimos mejores todo el partido, en la posesión y en todo; ellos hicieron su parte, no jugamos solo en un lugar... Lo que sí creo que está incorrecto es que el equipo tenga que esperar diez minutos para que ellos hagan un himno que desde mi punto de vista es fascista”.

Eso dijo y así lo dijo Tomás Boy.

Ni al cuento. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? ¿Para qué ofender, para qué abrir frentes? En una institución como lo ha sido Cruz Azul, ajena casi siempre a este tipo de polémicas.

Centro todo mi escrito en las maneras del entrenador del Cruz Azul, en esto que se suma al casi pleito que armó hace unos días con jugadores del América al festejarles el empate a 3 goles...

Lo de que se trata de un himno o un saludo “fascista” el que hacen los Pumas es casi ridículo, ni discutirlo.

Por lo pronto lo único que se ganó es que su propia directiva, en voz de Eduardo de la Torre, se deslindara de sus arrebatos verbales. 

 

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