A balón parado

La locura de Infantino: Un Mundial en 3 países

La FIFA busca candidatos para organizar el Mundial del 2026. Parece una fecha muy lejana, pero los tiempos que la máxima organización de este deporte marca para la realización de estos eventos empiezan a correr.

El Mundial del 2014 se jugó en América (Brasil), el del 2018 será en Europa (Rusia), el del 2022 se llevará a cabo en Asia (Qatar) y el del 2026, en teoría le tendría que corresponder a algún país africano (de este continente solo Sudáfrica lo ha organizado en 2010), pero no parece que esto vaya a proceder así.

Por ello Gianni Infantino, el presidente de la FIFA que sucedió a mediados de este año a Joseph Blatter, coquetea abiertamente con la Concacaf. ¿Y quiénes son los únicos países de esta región que podrían organizar un Mundial?... Pues Estados Unidos, México y Canadá.

Pero en lugar de ponerlos a competir, a Infantino le ha dado por empezar a construir la idea de una candidatura tripartita. Lo que nunca se ha visto para una Copa del Mundo. En 2002, Japón y Corea del Sur compartieron la sede dando lugar a un Mundial de locura del que no necesariamente se sacaron cosas positivas para el público y los mismos protagonistas de este juego: jugadores y entrenadores.

La inauguración en Seúl, la final en Yokohama… Viajes al por mayor, grupos en uno y otro país… El centro de medios en Corea, los eventos principales en Japón. Fue algo desquiciante.

Ahora Infantino pretende algo parecido. La Federación Mexicana de Futbol debería de pensar seriamente entrar en este proyecto en el que jugaría un rol secundario o hasta de tercer plano.

Un Mundial de 40 selecciones (en lugar de las 32 que ahora ya componen un extenso calendario), no tendría dos inauguraciones, ni dos finales. Los partidos trascendentes siguen siendo los mismos. Y esos, sobre todo pensando en la gran final, irían a Estados Unidos.

Y aunque México tiene en estos momentos mejor infraestructura (hablando de estadios de futbol) que Canadá, es muy probable que el poderío económico de este país, el valor de su moneda, su infraestructura hotelera y de comunicaciones, nos relegara casi al papel de comparsas. 

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