A balón parado

La gran llegada de Brizio y el reto de apagar egos

Me parece una gran noticia la designación de Arturo Brizio Carter como nuevo presidente de la Comisión de Arbitraje de la Federación Mexicana de Futbol.

Leo, escucho, veo por todos lados que su llegada genera parabienes y buenos deseos.

Hacía falta partir o reiniciar el camino en este sector tan delicado del futbol, a partir de un cuadro tan positivo.

Si lo que convenció a Arturo, un extraordinario ser humano y un gran amigo (queridísimo colaborador de estas páginas editoriales hasta hace algunas semanas), fueron los números de un contrato que le otorgará tranquilidad, me parece fantástico. Arturo se lo merece.

Que tendrá respeto de los dirigentes del futbol mexicano me queda claro que lo tendrá. Y si alguien no se lo da, Arturo les dejará claro que solo de esa manera, asumiendo su espacio de autoridad, podrá trabajar en paz. Y si no le hacen caso los terminará mandando a volar.

Pero en donde las cosas le resultarán muy pero muy complicadas es con las "estrellas" arbitrales a los que le tocará llevar a un mucho mejor desempeño.

Arturo se enfrentará a personalidades muy distintas a las que le tocó convivir en su papel de árbitro activo. Los árbitros son ahora personajes con un ego muy difícil de controlar.

El problema de estos señores, me dicen amigos ex árbitros, es de mentalidad más que de técnica o de criterio.

Arturo tendrá que trabajar mucho en este terreno. Tendrá que identificar cada mentalidad desbordada y enfrentar con la claridad que le caracteriza los temas. No hay otra manera.

Los árbitros actuales, en su gran mayoría, se sienten ya figuras del espectáculo: ganan muy bien, se visten muy bien, tienen coches deportivos, se sienten galanes... Este es todo un problema. Pareciera que es un asunto de vida personal, pero no. Este tipo de actitudes redundan en un desempeño contaminado de distracciones y errores.

Ojalá Arturo Brizio parta de esto. Es una realidad.

rafael.ocampo@milenio.com • twitter@rocampo