A balón parado

Los millonarios pobrecitos del futbol

Comparados con la enorme masa laboral de este país, los futbolistas profesionales que trabajan para cualquiera de los 18 equipos de la Liga Mx, son unos verdaderos privilegiados.

Sin caer en la discusión estéril acerca de si es justo o no que ganen lo que ganan, la gran mayoría, incluidos los jovencitos que apenas despuntan y solo han dado muestras de talento sin llevarlo a la real práctica, perciben sueldos de ensueño desde la posición de casi la totalidad de los asalariados del país. Por ello me resulta realmente muy difícil caer en la tentación periodística de ponerle la etiqueta de víctimas cuando llegan a enredarse en desacuerdos con sus patrones o directivos.

Todavía más, me niego a encabezar su causa, como si realmente necesitaran mi apoyo. Como profesional de los medios siempre les he reclamado que tengan primero la valentía de dar y alzar la voz de forma transparente, dando la cara… Eso de andar recibiendo filtraciones y permitir que lo usen a uno o a su medio, no es lo mío, ni lo de La Afición, ni de Milenio.

El tan traído y manejado noticiosamente asunto de Oswaldo Alanís, el defensor central de la Chivas del Guadalajara, no me preocupa. Ni me parece que ilustre la problemática que viven los futbolistas profesionales en México.

Muchos otros son sus problemas y ante ellos permanecen pasivos. Deberían primero que nada independizarse o emanciparse del yugo de sus promotores, que los mueven como muebles. De ellos sí que se dejan manipular, y en muchos casos, hasta de que les roben.

Los futbolistas, con su nueva agrupación, deberían dedicarse a definir y echar a andar una serie de programas de recaudación de fondos que se destinen a completar la educación que tuvieron que abandonar para dedicarse de lleno al futbol. Una actividad que en general los maleduca.

Lo más sencillo es seguirlos viendo como víctimas, como los millonarios pobrecitos abusados por sus patrones. 

rafael.ocampo@milenio.com

twitter@rocampo