A balón parado

Cuando la autocrítica y la exigencia no sirven de nada

Que a partir de la pública autocrítica que estableció el presidente de la Liga Mx, Enrique Bonilla, el pasado lunes, no se hiciera nada realmente efectivo en el tema de la violencia que sacude de forma frecuente al futbol mexicano, sí me parecería no solo grave, sino verdaderamente oprobioso.

Credencializar a las barras o grupos de animación parece ya un propósito rebasado e inútil. ¿El tema ahora es desaparecerlas? ¿Cómo? ¿Con qué método? ¿En qué plazo?

No es lo mismo cada barra. Cada una presenta una conformación diversa y mantiene una relación diferente con los clubes a los que sienten representar.

Por todo ello y por muchos otros temas que envuelven y le dan forma a esta problemática, la Liga Mx y la Federación Mexicana de Futbol lo que deben de hacer es involucrar en esta lucha, de forma central, a las autoridades de los tres niveles.

Esto es lo más sensato, lo más inteligente, lo más prudente que deben hacer. Reconocer que solos no pueden resolver esta situación que tanto avergüenza e indigna cada que se nos revela.

Pero el problema es que ni Decio de María, ni Enrique Bonilla, ni ninguno de los pro hombres de empresa que aparecen como propietarios de alguno de los 18 equipos de la Primera División, han estado dispuestos a reconocer que la violencia los rebasa.

Pareciera que nuestro gobierno, absorbido por otros graves asuntos, no tiene cabeza ni iniciativa para liderar este tema. Con tanta violencia social y delincuencial ligada al narcotráfico y a las bandas de extorsionadores, que unas decenas de maniáticos aficionados al futbol se agarren a golpes en las tribunas de los estadios, se amenacen con picahielos, se tundan a tubazos o inhalen cocaína de forma descarada…. Eso debe parecer pecata minuta.

Así que tienen las horas contadas para organizar un movimiento o un plan de acción que realmente signifique una nueva etapa en esta urgentísima lucha. Si no de nada sirve la autocrítica y la exigencia. 

rafael.ocampo@milenio.com

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