A balón parado

Otra mentada, una más para los aficionados cruzazulinos

No se me ocurre otra cosa. Cuando la directiva del Cruz Azul cobró consciencia de que su equipo no se clasificaría a la Liguilla, nuevamente, y vio que el siguiente rival de locales eran las populares Chivas, lo primero en lo que pensó es que su estadio se llenaría de aficionados, de los rojiblancos.

Siguiente acción: subir el precio de los boletos hasta provocar la irritación de sus fanáticos y de sus críticos.

¿Qué más les da? De todas maneras pocos aficionados cruzazulinos iban a hacer el esfuerzo, con su equipo rendido y humillado por los rivales más débiles.

Qué manera más triste de razonar si esto que les cuento fue realidad.

Un buen equipo de futbol se hace con buenos jugadores. Aquí y en donde usted quiera. Pero en el caso del Cruz Azul existe, más que en casi ningún otro, el factor directivo.

El presidente del equipo, Guillermo Álvarez Cuevas, no ha podido con la responsabilidad de hacer un equipo ganador de títulos. No ha sido capaz de hacerse de un cuadro de directivos efectivos, tampoco.

Pero no hay autocrítica. Lo que más se hace es correr al entrenador que fracasa o al director deportivo, alguien que ocupa un puesto realmente secundario en la estructura cruzazulina.

Siendo serios, la realidad es que es una verdadera estupidez subir el precio de los boletos para un partido del Cruz Azul de local. Qué falta de sensibilidad. Es una verdadera agresión para esos aficionados que cada quince días van a apoyar a un equipo que no les ha dado más que vergüenzas en los últimos 20 años.

Era para que la directiva cruzazulina regalara estos boletos, el último partido del torneo como locales. Garantizar tener el estadio lleno, de sus aficionados apoyándolos, hubiera sido un gran gesto. Algo inteligente y apropiado.

O quizá la directiva creyó que si regalaba esos boletos, sus aficionados los iban a vender. Pues hasta eso hubiera estado muy bien. 

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