A balón parado

Los Tigres no perdieron por culpa del árbitro

Deberíamos todos los interesados en analizar la final jugada la noche del domingo pasado, en coincidir en algo: el árbitro del partido fue malo para los dos equipos, es decir, no puede hablarse tan solo de una víctima.

Antes de no atreverse a marcar el evidente penalti contra Chivas, en aquella desesperada acometida de Ismael Sosa en los últimos minutos, el señor Luis Enrique Santander debió de haber sido mucho más estricto con la indisciplina de varios jugadores de los Tigres, echándoles inclusive del terreno de juego. Pero no se atrevió.

No solo le faltó valor pues para marcar un penal, sino para otras acciones que hubieran resultado también decisivas. Por ejemplo: por más que se trate de André-Pierre Gignac, la máxima estrella de la Liga Mx, no se le puede tolerar tanta protesta, tanto alegato, tanto insulto... lo mismo al portero felino Nahuel Guzmán. O a Damián Álvarez y su patadón a Rodolfo Pizarro o a Jesús Dueñas y su agresión al mismo Pizarro en los alegatos posteriores a esa jugada.

También deberíamos convenir todos en que las Chivas hicieron dos partidos extraordinariamente buenos. Supieron nulificar casi por completo a un gran equipo de futbol y no solo eso, sino que supieron cómo hacerles daño.

En los Tigres tiene que hacerse un espacio para la reflexión y la autocrítica si quieren montarse nuevamente en la ruta del éxito que tan bien ha recorrido en los últimos años. Un equipo grande sabe reconocer cuando el rival los superó. No solo no debe aplaudírsele a Gignac por no hacerse presente y recibir la medalla del segundo lugar, alguien debe atreverse a decirle que eso no estuvo nada bien. El francés representa a una institución deportiva y académica, no se representa a sí mismo al momento de portar ese uniforme.

Los Tigres tienen que aceptar que serían mucho mejores sin esa tendencia a la indisciplina que tan mal se ve. Y claro, jugando mejor las finales. 

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