A balón parado

Una lástima que no se pueda avanzar en el caso Verón-Quintero

Al parecer no hay manera de comprobar, a través de una tercera persona que esté involucrada de forma directa en los hechos, que Darío Verón llamó “simio” a Darwin Quintero.

Están solo los testimonios de los dos involucrados. El ecuatoriano del América afirmando que así lo llamó el paraguayo de los Pumas. Este último negando rotundamente eso. También podemos encontrar declaraciones de jugadores de uno y otro equipo a favor de sus compañeros. Todas éstas no porque lo hayan escuchado de forma directa, sino porque sus mismos compañeros se lo contaron. Es decir, de verdad, nada relevante que pueda generar una sanción o una absolución del supuesto agresor.

Lo importante en esta historia es resaltar lo limitado que se encuentra el aparato disciplinario del futbol mexicano para poder documentar o investigar estos hechos.

No hay un marco reglamentario propicio ni tampoco un mecanismo que permita reaccionar de forma expedita en casos como este.

Además todo se complica en esta historia particular entre Quintero y Verón. No hay manera de encararlos o ponerlos de inmediato frente a frente. O aunque suene extremo, ante un detector de mentiras que tendría que aplicar en casos así. Resulta que Darwin está ya en Japón para jugar con su equipo el Mundial de Clubes. Y a Verón, con el pretexto real de que tiene que concentrarse con su equipo en la final, no lo van a exponer ya más a hablar de esto.

Los árbitros no se percataron de nada. Estaban demasiado ocupados con otros asuntos como para reparar en los dichos o gestos que se dirigieron durante buena parte del juego en CU estos dos jugadores. Otro punto en contra del armado de un caso en el que se acusa de racismo.

Faltaría revisar lo que grabaron la buena cantidad de cámaras que se utilizan en una transmisión de un partido estelar en una televisora estelar. Por ahí podría venir el documento que todos quisiéramos. Pero de existir ya hubiera salido.  

 

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